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Entradas archivadas en Febrero, 2007

La vida nueva

La vida nueva
Orhan Pamuk
Alfaguara. Colombia, 2006. 379 pp

PamukOrhan Pamuk (Turquía, 1952) estudió arquitectura y periodismo. Sufrió persecución y exilio temprano a raíz de unas declaraciones sobre los asesinatos de kurdos y armenios en su país. Su narrativa es de fácil conexión con los jóvenes turcos y, por extrapolación globalizadora, con los nuevos lectores de todo el planeta. Desde que John Updike elogió su novela “El astrólogo y el sultán”, Occidente empezó a coquetear con esta literatura misteriosa a ratos. La obra de Pamuk alcanza las ocho novelas y recibió diversos premios europeos antes de ser galardonado en el 2006 con el Premio Nóbel de Literatura. Al leerlo, se degustan las frases y algunos pasajes, pero a veces es fácil sentir que algo aún no está bien asentado en esas novelas, no libres de lugares comunes.

En “La vida nueva”, Pamuk relata la historia de Osman, un estudiante de ingeniería fastidiado de su rutina existencial, quien por azar consigue un libro que, al devorarlo en las madrugadas, le cambiará su vida. No es sólo el mensaje entre líneas, sino que sus sensaciones y la relación con su entorno se transforman a partir de su conexión con el mágico tomo. El estudiante se enamora de otra chica tocada por la obra, Canan, y su búsqueda es parte de ese nuevo trazado vital, “Leí el libro. Leí el libro con respeto, doblegándome ante él, deseando que me llevara de este mundo, Ante mi aparecieron nuevos países, nuevas gentes, nuevas imágenes. Vi nubes del color del fuego, océanos oscuros, árboles púrpura, olas rojas”.

Hollywoodland

Hollywoodland(Por Sergio Monsalve)
Desnudo y sin su traje de colores primarios, el intérprete George Reeves fulminó a su alter ego, el hombre de acero, con una Luger automática, la pistola preferida por los nazis. De tal modo, el paladín de la justicia se ajustició así mismo a la manera de Hitler en The Downfall. Por tanto, Hollywoodland es La Caída de Superman como síntoma del hundimiento de la meca y del star system.

L. A. Confidencial
Para el momento del suceso, el actor estaba desempleado, alcoholizado y vencido por la kriptonita del fracaso, incapaz de dominar sus demonios superheroicos.
Al principio se pensó que era otro suicidio de un actor venido a menos, pero pronto comenzó a cobrar fuerza la hipótesis del asesinato, estimulada sobre todo por el afán amarillista de vender periódicos, a costa de magnificar las peores miserias humanas y las más absurdas teorías de complot.

La paradoja de Hollywoodland estriba en denunciar este mal estado de cosas, pero sin dejar de sacarle provecho al estilo de los documentales sensacionalistas de E! Entertainment. Como en True Hollywood Story, se parte de un escenario decadente para concluir en una moraleja puritana.

Sex, Mistery and Scandals
Al inicio de las investigaciones, las culpas del crimen recayeron sobre las espaldas de tres sospechosos habituales: dos mujeres fatales y un siniestro potentado de los estudios.

Leonore Lemon, la novia del galán en horas bajas, fue la primera dama en ser señalada como “supuesta” autora material del homicidio. La rebelde sin causa Robin Tunney la resucita en la película, esterotipándola como una escaladora de la Gran Manzana. En realidad, era una chica “de la alta sociedad neoyorquina”, en palabras de Kenneth Anger para su libro Hollywood Babilonia.

En segundo lugar, los dedos de la prensa del corazón, apuntaron en dirección de la acaudalada amante del protagonista, Mrs. Toni Manix, fielmente incorporada por la infielidad en pasta, Diane Laine, estancada en su arquetipo de Madame Bovary.
Lo que nos lleva al tercer integrante de la lista roja, Mr. Eddie Manix, el esposo cornudo de la trama y el magnate de la MGM. En la ficción es un villano plano, carente de matices, personificado por un demoníaco Bob Hopkins, siempre en la lupa del Sherlock Holmes de la partida, Adrien Brody, a sus anchas en la piel del vulnerable detective de esta novela negra, más blanca y respestuosa de su herencia pasada, de lo que uno quisiera.

Esto en vez de ser un film noir abstracto y rupturista como Lost Highway, es uno literal, pudoroso y conservador como Munich, con una pequeña y apreciable diferencia: Hollywoodland se atreve a lavar y a quemar en público los trapos sucios de la industria, con la gasolina de los iconoclastas.

El Crepúsculo de los Dioses
El poder desmitificador de la cinta reside en la fortaleza auto-paródica de Ben Afleck en el tragicómico disfraz del hombre de hierro, explotado por la serie b de la televisión infantil, para luego ser desechado como un traste viejo.

El chiste cruel de la pieza consiste en revelar el lado gris del personaje, caricaturizándolo salvajemente como en Superman III, cuando lo descubrimos borracho y derrumbado, gracias a la vena satírica de Richard Lester, el obvio referente de Allen Coulter para su Hollywoodland, una especie de The Last Action Hero en clave de Chapulín Colorado.

Para rematar, el film contará con la astucia de reeditar el malestar antihollywood de clásicos como Sunset Boulevard y The Player, con lo cual compartirá la tesis del más reciente largo de David Lynch, Inland Empire, el imperio del cine convertido en un inframundo del horror poblado por almas en pena. En fin, The Last Days o los últimos días de George Reeves en la crónica de una muerte anunciada para la fábrica de sueños.

El búfalo de la noche

El búfalo de la noche
Guillermo Arriaga
Grupo Editorial Norma, Colección La Otra Orilla, España, 2006. 236 pp

ArriagaEscritor (Escuadrón guillotina, Un dulce olor a muerte y Retorno 201), guionista premiado y venerado (Amores perros, 21 gramos, Babel y Los tres entierros de Melquíades Estrada), Guillermo Arriaga (México, 1958) es un hombre obsesionado con los amores prohibidos, la lealtad, la muerte y con la manera como los seres humanos superamos el destino que nos imponen los genes y el entorno para transformarnos en jugadores de nuestra propia existencia. Arriaga se describe: “No fumo ni bebo. Soy abstemio desde niño. Detesto a los que dicen ‘ Desconfío de los que no beben alcohol’. Detesto también a la gente pusilánime. Admiro a los intensos, a los que van con todo, a los que no se detienen ante nada: a los hombres y mujeres que dejan pedazos de piel por donde caminan”.

El búfalo de la noche está precedido por un par de epígrafes de Charles Bukowski, quien afirma: “sé que la muerte es un toro gigantesco dispuesto a embestirme”. La novela orbita en torno a Gregorio, un adolescente problemático que se suicida y colapsa las vidas de Tania (su ex) y Manuel (su mejor amigo) quienes no logran escapar del triángulo amoroso y la cadena de culpa, traición y desconcierto. El libro es magnético y suelta claves desde el inicio, pues Manuel sabe que al pasado “nunca es posible extirparlo , que permanece como una antigua quemadura que nos escuece de vez en vez y que más vale vivir con él que contra él”. Ambientada en Ciudad de México, esta obra es un viaje en primera fila en esa materia cambiante, espesa y conflictiva que es la psiquis de los jóvenes latinoamericanos.


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